Lunes 15 de Julio del 2024
Domingo 14 de Junio – Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (A) – El que coma de este pan vivirá eternamente – Parroquia San José

Domingo 14 de Junio – Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (A) – El que coma de este pan vivirá eternamente

El que coma de este pan vivirá eternamente
Es sabido que solamente el evangelio de Juan narra el episodio del lavatorio de los pies. Es un detalle no menor, puesto que las comunidades de Juan estaban más identificadas con la persona de Jesús que con la propia Cena del Señor, Estas creían que bastaba estar unido a la vid y producir frutos para no esperar una señal externa y visible de comunión con el Maestro. Por eso, sin hablar de la institución de la eucaristía, pero la supone, san Juan profundiza en la metáfora del comer carne y beber la sangre.
Dice el Señor: «El que come de este pan…»; en efecto, hay que recordar que pan es sinónimo de «don», la prueba mayúscula del amor del Padre por la humanidad. Luego Jesús refuerza la idea: «Si no comen la carne…», es decir, se potencia la exigencia para tener vida. Carne y sangre son en la cultura semita polaridades que denotan totalidad, integralidad, como cuando decimos «carne y huesos», que en nuestra cultura expresan totalidad de la persona. Comer la Carne y beber la Sangre de Jesús no se puede entender literalmente como se creía en los tiempos primitivos de la Iglesia, sino que es una especie de encamación del Hijo del hombre en nuestra vida, para que nuestros sentimientos, acciones y palabras manifiesten la vida de Dios.  Pero al mismo tiempo también es comunión con el Señor y con cada miembro de su cuerpo eclesial o comunidad.
Por eso, gracias a la eucaristía, el creyente se encuentra unido a Jesucristo. Sin duda que para el que tiene fe, es una compenetración recíproca donde la misma vida que el Padre comparte con el Hijo es compartida también con quien se adhiere al Hijo, formando una comunión de vida. Esta comunión de vida participada se manifiesta en la misión, es decir, no es una vida que se confina, sino que debe comunicarse a los demás.
«Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de ¡a misma manera, el que me come vivirá por mí» (Jn 6, 57).

R Fredy Peña T.

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Palabra del Señor

Profundizando
Las siete afirmaciones de la parte final del discurso del “Pan de Vida” En las siete afirmaciones se repite el mismo concepto. En las siete afirmaciones se repite siempre, ni una sola vez falta, la palabra “comer”. Comer significa asimilar, significa saber decir el Amén eucarístico, significa hacer verdaderamente la comunión. No un Jesús al cual contemplamos a distancia. Un Jesús al cual ahora nosotros encarnamos. Al cual ahora nosotros hacemos una sola cosa con nosotros. Siete afirmaciones en las cuales se repite la palabra comer. Pero ni una sola afirmación se repite al pie de la letra. Siempre hay una variante, siempre hay una nueva luz, siempre se abre una nueva ventana para que comprendamos la profundidad del misterio.
La primera es una afirmación que comienza en negativo, en condicional. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”.
La segunda, por el contrario, es positiva: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.
Enseguida en la tercera vuelve a insistir: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.
La cuarta afirmación vuelve sobre el mismo concepto con una proposición bellísima que habla ahora de la alianza. “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mi y yo en él”.
La quinta se basa en una comparación: “Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mi”. La naturaleza de la alianza entre el discípulo y el Maestro viene de la comunión del Padre y del Hijo porque comulgar es hacer viva alianza con Cristo y en Él con la Trinidad.
La sexta afirmación es otra afirmación impositiva, muy bonita. Jesús dice lo que ocurre enseguida: “Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados, ellos murieron”.
Y partiendo de esta realidad negativa, “ellos murieron” en seguida la séptima afirmación, la última, la más vibrante, la más alta, es la positiva para aquel que entra en alianza y en comunión con Cristo a través de la Eucaristía. “El que coma de este pan vivirá para siempre”.
Cada vez que comulgamos nosotros estamos invitados a asimilar el pan; Cristo.
Usted no puede decir que desayunó simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirándolo un par de minutos y pensando que ya desayunó. No. Usted tiene que coger el pancito y tiene que comerlo. Pues bien, esa analogía explica la comunión.
A Jesús hay que comerlo. ¿Qué quiere decir eso? No basta únicamente con mirarlo y mirarlo y mirarlo “la miradera‟. Hay que encarnarlo. Y lo que nosotros encarnamos, asimilamos, lo hacemos una sola cosa con nosotros, es nada más y nada menos que la cruz. Cuando comulgamos encarnamos el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, estamos comulgando con la cruz. De esa manera, al asimilar a Cristo nos hacemos también pro-existentes. Nos hacemos Cristo crucificado para los demás, o sea, aquel que da la vida. No podemos comulgar en la Eucaristía y regresar a la casa egoístas. No puede ser.
Cuando comulgamos hacemos alianza con Cristo, nos hacemos uno con Él: „Él en mí y yo en Él‟. Uno solo. Y entonces la cruz, Cristo con los brazos abiertos dando vida está en nosotros amando a todos los demás.
En estas palabras encontramos nosotros una expresión de lo que los otros evangelios presentan en la institución de la Eucaristía. En los otros evangelios Jesús dice “Tomad y comed esto es mi cuerpo, tomad y bebed esta es mi sangre”. Juan lo dice aquí de otra manera.
En el Evangelio de Juan, la institución de la Eucaristía está sustituida por un relato bautismal con el lavatorio de los pies y lo hace allá porque ya lo ha explicado aquí en el capítulo 6.
En definitiva, Jesús quiere subrayarnos que el hombre, nosotros, ustedes y yo, estamos llamados a alimentarnos del Verbo hecho carne, alimentarnos de Él como Palabra en la que hay que creer, como ejemplo que hay que seguir, como víctima propiciatoria a la que hay que adherirse. Adherirse místicamente, profundamente en un acto sacramental. En términos más sencillos y más pobres, Jesús es la vida del hombre. El hombre está hecho para vivir en, con, por, e inclusive de Jesús. Vivir de Él mediante la fe que escucha su Palabra. Que le recibe como un Hijo de Dios, que cree que Él es el Hijo de Dios encarnado, el Hijo de Dios que ha dado su vida por mí.
Comulgar es encarnar el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, el acto salvífico por excelencia. Es traer a mí todo el poder y la fuerza de la cruz y hacerme uno con el crucificado mediante la comunión misteriosa con su sacrificio, su muerte, su cuerpo y su sangre benditos, entregados por nosotros en la cruz. Nosotros estamos destinados a vivir de Jesús.
A encontrar en Cristo la plenitud de nosotros mismos y a realizar su destino en la comunión y en la identificación con Él. Comulgamos con sus opciones, con sus actitudes, con sus comportamientos, con todo el evangelio. Y comulgamos con la mayor de todas sus opciones, la de dar la vida por los demás.

Fidel Oñoro, cjm

Para la reflexión
1. Entender el significado de comer la carne y la sangre de Jesús.
2. Recordar que en mis actos y actitudes estoy mostrando cómo es que como la carne y bebo la sangre de Jesús, el valor y significado que le doy.
3. Buscar y aceptar en todo momento que el Señor viva en nosotros y nosotros en él.

Oración

 Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

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