Martes 18 de Junio del 2024
Lectura diaria y Evangelio del 09 de junio del 2023. – Parroquia San José

Lectura diaria y Evangelio del 09 de junio del 2023.

Lectura del Día

Lectura del libro de Tobías

Tb 11, 5-17

Ana se sentaba todos los días y observaba el camino para ver si regresaba su hijo Tobías. Un día vio que se acercaba y le dijo a su esposo Tobit: «Ya viene tu hijo con el hombre que lo acompañó».

Rafael le dijo a Tobías antes de que llegaran a donde estaba el padre de éste: «Estoy seguro de que sus ojos se abrirán. Úntale la hiel del pescado en los ojos y el medicamento le quitará las manchas blancas de los ojos. Entonces tu padre recobrará la vista y podrá ver la luz».

Ana se acercó y abrazó a su hijo, diciéndole: «¡Hijo mío, ya puedo morir, después de verte!» Y rompió a llorar. Tobit se levantó, y a tropezones llegó hasta la puerta del patio. Entonces Tobías corrió a su encuentro, con la hiel del pescado en la mano, le sopló en los ojos, lo sostuvo y le dijo: «¡Padre mío, ten ánimo!» Entonces le untó el medicamento y con sus dos manos le desprendió las manchas blancas que tenía en los lagrimales. Tobit, al ver a su hijo, lo abrazó entre lágrimas y le dijo: «¡Hijo mío, luz de mis ojos: ya puedo verte!» Y añadió: «¡Bendito sea Dios y bendito sea su excelso nombre; benditos sean todos sus ángeles para siempre, porque él me castigó, pero ahora ya puedo ver a mi hijo Tobías!»

Tobit y Ana, su esposa, entraron en la casa, llenos de alegría y alabando a Dios a voz en cuello por todo lo que les había sucedido. Entonces Tobías le contó a su padre que el Señor Dios lo había conducido por el mejor camino; que había traído el dinero; que había tomado como esposa a Sara, hija de Ragüel, y que ella estaba ya cerca de las puertas de Nínive. Tobit y Ana, llenos de alegría, salieron al encuentro de su nuera, a las puertas de Nínive. Los ninivitas, al ver que Tobit venía caminando con pasos seguros, sin que nadie lo llevara de la mano, se quedaron admirados. Tobit alababa y bendecía a Dios con grandes voces delante de todos ellos, porque Dios se había compadecido de él y le había devuelto la vista.

Tobit se acercó a Sara, la esposa de su hijo Tobías, y la bendijo con estas palabras: «¡Bienvenida seas, hija mía! ¡Bendito sea tu Dios, que te ha traído a nosotros! ¡Bendito sea tu padre, bendito sea mi hijo Tobías y bendita seas tú, hija! ¡Bienvenida seas a tu casa! Que goces de alegría y bienestar. Entra, hija mía».

Y aquel fue un día de fiesta para todos los judíos que habitaban en Nínive.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Mc 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

Palabras del Santo Padre

Todos nosotros hemos pasado por momentos graves, fuertes, no tan fuertes como éste, pero nosotros sabemos qué cosa se siente en el momento oscuro, en el momento del dolor, en el momento de las dificultades; nosotros lo sabemos. Pero ella, Sara, piensa: ‘¿Pero si yo me mato haré sufrir a mis padres?’ y se detiene, y reza. Y Tobit dice: ‘Esta es mi vida, vamos adelante’ y reza, y reza. Y ésta es la actitud que nos salva en los momentos graves: la oración. La paciencia: porque los dos son pacientes con su propio dolor. Y la esperanza de que Dios nos escuche y nos haga pasar estos momentos graves. En los momentos de tristeza, poca o tanta, en los momentos oscuros: oración, paciencia y esperanza. No hay que olvidar esto. Después de la prueba, el Señor está cerca de ellos y los salva. También hay momentos bellos, auténticos, como éste, no como aquellos momentos con belleza disfrazada, donde todo es artificioso, de fuegos artificiales, pero no es la belleza del alma. ¿Y qué hacen ambos en los momentos bellos? Dan gracias a Dios, dilatan el corazón en la oración de agradecimiento. (Santa Marta, 9 de junio de 2017)

Fuente: www.vaticannews.va

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